Los últimos días de Charles Mingus

Albacete » Conciertos Albacete » Jazz

[20051109]

Mingus Cuernavaca

Miércoles, 9 de noviembre en el Teatro Circo de Albacete. 20,30h. entradas CCM

Charles Mingus era un individuo expresivo, volátil y de mucho talento que se creó una mala reputación exhibiendo comportamientos algo erráticos y tendencias antisociales con su música y es visto como una de las personalidades más importante y originales de la historia del jazz.

Es una composición teatral, pero también es un concierto. Es una
desgarradora interpretación de Chete Lera, y también la mejor música de
Mingus en directo.

Es Mingus Cuernavaca, una creación de Enzo Cormann a mayor gloria del genio Charles Mingus. Una de las novedades que presenta el presente Festival internacional de Jazz de Albacete: unir texto y música para vivir intensamente las últimas horas del contrabajista.


JazzAlbacete

Enzo Cormann recrea las últimas horas de vida del contrabajista de jazz americano Charles Mingus, en Cuernavaca, México, donde el músico vivió los últimos meses de su vida. Cuernavaca es una especie de cementerio de elefantes en el que han terminado sus vidas muchas y muchos grandes artistas. Es un símbolo de la decadencia del arte o mejor, del artista. Así es la ciudad, parada en el tiempo, para que la velocidad no perturbe el descanso de los que apenas tienen tiempo para descansar. El clima bondadoso y la tranquilidad de sus gentes convierten a Cuernavaca en una especie de falso paraíso, como todos, en el que se recluye Charlie Mingus para que nadie vea su decadencia física, desesperado, buscando un remedio en la brujería y la medicina de los curanderos. Él, que no formaba parte del submundo de los músicos de jazz, quemados por el alcohol y el consumo de drogas masivo. Él, soberbio y genial, que daba de hostias a sus músicos si no tocaban como Dios, o si aparecían colocados a un concierto, acabó postrado en una silla de ruedas, rodeado de su mujer, una rubia americana, divorciada con dos hijos, de clase altísima, medio cantante de jazz y actriz, Susan Graham, y una enfermera muy joven y guapa.

Esos eran sus enganches. Las mujeres –Susan no fornicó con Mingus durante los primeros 8 años de relación-- y la música. Su mala leche era el líquido amniótico que alimentaba su genio. Y su postura crítica en contra del racismo, su negritud militante, el motor.

Charlie Mingus muere en 1979 como consecuencia de una enfermedad degenerativa, una “esclerosis amiotrófica”, es decir, una putada, que postra al hombre en una silla de ruedas, que impide al genio tocar su contrabajo o agarrar un buen par de tetas, que le llena de dolor cada molécula de su cuerpo hasta inerte y, sin embargo, le mantiene la lucidez mental. Lo dicho: una putada. La enfermedad no tiene posibilidad de curación aún hoy. Cuando el sueño de la curación desaparece, la desesperación te pone en manos de brujas y curanderos para, finalmente postrarte a los pies de algún Dios indulgente y, sin más, en brazos de Morfeo.

Este es el recorrido de Charles Mingus, un hombre que hizo de su música una bandera, suya y de todos los negros de Estados Unidos. Quizá sea esa la razón de no haber alcanzado nunca la popularidad de otros menos activos como Duke Ellington o Charlie Parker. O tal vez el empeño enfermizo en mantener su cuota de libertad frente a una burguesía entretenediza que se divierte con el gran Louis Armstrong porque nunca le miran a los ojos: los ojos de Armstrong son un mundo, una cosmogonía, que delata el horror y el sufrimiento de generaciones de negros esclavizados, humillados, arrancados literalmente de sus tierras con el único fin de que “sirvan”.

Noticias Relacionadas

Mingus se niega a jugar en esos términos. No se droga, no bebe nunca antes de actuar. Es ejemplar y, desde el dolor, mantiene la cabeza alta mirando al blanco a la cara, reprochándole la violencia histórica que ha padecido su raza. Y, además, “me caso con una mujer blanquísima”. ¿Contradicción o lógica? Al final, sólo queda la ironía.

Enzo Cormann rodea a Mingus de su mujer, narradora omnisciente de las contradicciones del personaje Mingus, y de una enfermera que le sigue permanentemente, a la que puede contar su vida como una novedad y con la que fornica desde su postración lo que le permite la imaginación: “morir a polvos, como las cucarachas”, aunque sólo sea desde el deseo y desde el sueño. Música, mujeres, sexo, recuerdos, dolor, ¡mucho dolor! A partir de estos elementos, surge Mingus Cuernavaca, un monólogo asistido en el que Corman/MIngus analiza el sentido del arte y de la vida como una corriente de agua encaminada inexcusablemente hacia el río de la muerte, en este caso del rio Ganges, el rio gris. ¡Qué putada morir cuando todavía tienes ganas de, tocar, componer o follar!

Y, después de todo, ¿vale la pena cuidarse si al final los que beben y se drogan viven lo mismo que los que no? ¿Merece el arte ese sacrificio, es decir, prescindir de placeres por uno hipotéticamente mayor?

La voz narrativa, la esposa de Mingus, genera un punto de vista objetivo del personaje MINGUS, como si contara todo aquello que Mingus no se permite contar. Relata sus complejos de clase, de raza, de soledad… También recoge la realidad de un creador impresionante, insuficientemente reconocido. Y le quiere, le ayuda y le acompaña a pesar de saber que cada vez que Mingus tiene ante sí a la enfermera, joven y apetitosa, su deseo la desnuda y hace el amor con ella. Se lo perdona.

La enfermera está atrapada inevitablemente por la personalidad arrolladora de un vegetal en silla de ruedas. No puede dejar de mirarle. Y le inyecta morfina para que no sufra… ¡y poder seguir hablando con él!

La muerte espera a Mingus. Como a todos. Y como todos, Mingus tiene miedo. A la muerte, al dolor, a lo que sabe pero, sobre todo, a lo que no sabe. Ya no puede levantarse y liarse a hostias con el primero que se le cruce en el camino de su mala leche. Y, sin embargo, se retuerce, como un reptil, apurando cada átomo de fuerza que sobrevive en su machacado cuerpo, buscando el aire, la vida que se escapa sin piedad.

El monólogo desgrana con precisión momentos, pensamientos, emociones, dudas, deseos y contradicciones de este genial músico renovador del jazz, enfrentado a la realidad y peleándose con el hecho no aceptado de la muerte, que le sobrevino en el ocaso de un día de 1979, cuando no sobrepasaba los cincuenta y seis años.

Albacity.org

Google
Web en albacity   


Noticias más recientes
· día del libro 2005
· día del libro 2005
· día del libro 2005
· conciertos albacete: octubre 2005
· Ver Más...
Optimizado para IExplorer 6
;