Retirada de Caballero. Puerta Grande

Puerta Grande en la retirada de Caballero

Carteles de la Feria Taurina 2005

Pintaba buena la tarde de toros, la tele, amigos desde américa que venían a despedirle, último día de Feria... pero los toros no acompañaron. A César Rincón le tocó lo peor, como siempre que viene a Albacete, sólo se libraron los dos últimos que permitieron a Caballero y a Cortés el triunfo, a Caballero por torear despacido y sin prisas y a Cortés por salir a la plaza con la cornada de haber enterrado a su madre el día anterior.

Tarde de Brindis.
Rincón brindó a su amigo Caballero, Caballero brindó a Cortés y a su madre, Cortés brindó mirando al cielo, Caballero brindó a su tío y Cortés a Caballero diciendo que con llegar a la mitad de lo que ha llegado él sería suficiente.

Al final vuelta al ruedo de Caballero con más alegría que tristeza, despidiéndose de todos los de la plaza, desde la banda hasta el último monosabio y el paseo a casa de su madre en volandas.



Crónica del ABC.

http://sevilla.abc.es/sevilla/pg040918/prensa/noticias/Espectaculos/Toros/200409/18/NAC-TOR-096.asp

ALBACETE. Respiraba la habitación del hotel los miedos y los recuerdos de Manuel Caballero. Sus paredes pulcras transpiraban todos los paseíllos, todas las pesadillas, de catorce años de alternativa. La emoción traspasaba el espejo que frente al hombre, frente al torero, proyectaba el halo de una historia de lucha, técnica, valor, temple y sobriedad.

Y en el ruedo se siguió el ambiente de despedida: sacaron a saludar a Caballero al tercio, donde compartió la ovación con César Rincón y Antón Cortés. Lo de Antón era otra especie de despedida, de otra forma. Se despedía de la madre muerta, de la mano yerta, de esa calavera, como las que pinta José María Sicilia, de flores y rosas más que de huesos. La plaza se impregnó a lo largo de toda la tarde de una atmósfera melancólica y tristona. También se contagió la corrida de Torrestrella, un muermo hasta el tercero, una cosa sin fondo ni fundamento, muy distinta al elenco de corridas que compusieron una gran temporada en 2003.

No cambió mucho el panorama con el cuarto, un toro insustancial y vacío de alma que desesperó al propio Rincón, que sacó absolutamente todo lo que podía dar de sí, y al público, que no terminó de entender la insustancialidad del torrestrella.

El quinto era el del adiós de Manuel Caballero. Y estuvo con él templado, sereno, reposado, especialmente brillante al natural, rememorando aquella faena gloriosa de 2003 en San Sebastián. La gente respondió y el palco correspondió con una tremenda y elogiable sensibilidad: en la vida hay que saber cuándo y por qué hay que dar las cosas, y ayer la puerta grande de Manuel Caballero suponía algo más de lo acontecido en el mismo ruedo. En volandas se lo llevaron, mientras atrás quedaba una estela de lo mucho que ha significado para su tierra. Siempre admiré a las personas y a los hombres que se supieron levantar de la lona cuando el K.O. revoloteaba sus cabezas, a punto de sonar la campana. Gloria a Caballero, que ha sido un torero cabal y formal, capaz de hacerse con la vida y con el toro. O con el toro de la vida.

Manuel Caballero

Cortés remató una tarde muy especial. Toreó por momentos con el gusto y el pulso que de él se espera. La corrida de Torrestrella no valió mucho, más bien nada, y este último funcionó relativamente mejor, sin emplearse nunca hasta el fondo. Los naturales calaron por ráfagas, y los tendidos y el presidente se volcaron por las circunstancias, y le empujaron por la puerta grande con Manuel Caballero, entre el adiós y el dolor: no hay despedida sin desgarro, y no hay desgarro más profundo que el de la madre muerta, vacía y ausente.

 
Feria de Albacete
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